Escrito por JOSÉ ADÁN SILVA Y LUIS GALEANO | Especiales
Monday, 24 de January de 2011
* Mientras malaria y tuberculosis yacen bajo control, el VIH se dispara y ensaña sobre nuevas generaciones
* Propagación del virus altera la meta principal del Milenio: la misión ya no es detener y revertir la enfermedad, sino garantizar su tratamiento
* Hombres son los más afectados, pero el curso del virus conduce cada vez más a una feminización del mal.
Cada día, dos personas serán condenadas a la muerte con una enfermedad incurable. Una de ellas, posiblemente, lo sepa en algunos meses y sea parte de los registros oficiales; la otra parte, quizás, no lo sepa hasta que ya todo sea irreversible y su muerte pase a engrosar las cifras de la mortalidad por Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, SIDA, en Nicaragua.
Según estimaciones de organizaciones de salud internacional y del propio Ministerio de Salud, Minsa, la incidencia del Virus de Inmunodeficiencia Humana, VIH, y su curso a la mortal enfermedad del Sida, se ensaña cada vez más en la población entre los 15 y 39 años, condenando sin contemplaciones a cientos a vivir sus vidas bajo la amenaza de un enemigo imbatible que no se cura ni hoy, ni mañana.
La ciencia médica ha logrado frenar el avance de la epidemia del sida, sembrando la esperanza de vida en millones de personas. Las novísimas terapias con antirretrovirales han convertido a los afectados por el virus en portadores de una enfermedad con las características de un mal crónico. Sin embargo, enfrentan serios efectos colaterales que dificultan el tratamiento.
El problema es que la mayoría de las personas que viven con el virus del sida requieren tratamiento, pero no lo reciben cuando lo necesitan, y esa coyuntura hace peligrar sus vidas. Algunos, cuando por fin tienen acceso al cóctel de pastillas, sus mínimas defensas les impiden beneficiarse con este tratamiento. Esto sucede con frecuencia en países latinoamericanos, donde el vih/sida está vinculado estrechamente a la pobreza.